La condición esencial
para la fosilización de un ser vivo es el rápido enterramiento en un sedimento
que le proteja de la destrucción por las bacterias, la intemperie u otras
acciones químicas. Los sedimentos tienen que ser finos para no estropear las estructuras
de la planta o animal y que se conserven los detalles de la forma inicial. La
arena, el cieno, la lava o las cenizas volcánicas pueden servir de materia de
enterramiento.
La solidificación es un
fenómeno raro porque exige que se entierre un bosque bien por un cataclismo o
por la erupción de las cenizas de un volcán, o por una riada brutal de lodo. El
agua de infiltración que llega hasta la madera contiene en solución elementos
minerales como silicio, hierro, aluminio, calcio, etc. Por reacción química, el
silicio y los diversos minerales reemplazan al carbono de la madera átomo a
Átomo en función del tipo de mineral, por ejemplo, con el hierro ocurre muy
frecuentemente, la madera adopta una determinada coloración. Al final ya no
queda carbono y la madera, sin cambiar de forma, se ha convertido en una
piedra.[1]
Los tejidos orgánicos se
destruyen lentamente, pero las estructuras son reemplazadas progresivamente por
las sustancias minerales que existen en el medio circundante, cuya textura en
algunos casos no se pierde permitiendo su identificación rápida; en un proceso
de millones de años, todos estos organismos se petrifican
El color de la madera
petrificada se debe a varias razones: a las impurezas minerales, óxidos de
hierro en diferente variación de colores, al manganeso, cobre o carnotita que
posee la madera o a las pequeñas partículas de carbón disperso en células
leñosas.
La madera petrificada y
el cuarzo (en la escala de Mohs posee 7 de 10) tienen la misma dureza; tiene
una densidad de 2.6 – 2.8 , estas variaciones se deben a diferencias ligeras en
la estructura de la madera.[2]
Estos procesos ocurrieron
hace unos 225 millones de años, al final del período geológico triásico.
Después, los continentes se separaron y Norteamérica llegó a su posición actual.
La región entera se elevó. Este proceso sepultó a estos gigantescos troncos
petrificados bajo niveles más profundos, provocando el fraccionamiento de
muchos de ellos. Eventualmente el viento y el agua erosionaron las
capas de piedra, dejando
expuestos los troncos petrificados y otros fósiles. Hoy en día, el viento y el
agua continúan erosionando las capas de sedimentos Esta erosión sigue degradando
los troncos petrificados y, poco a poco, va exponiendo otros troncos y fósiles
ocultos bajo la superficie.[3]
No hay comentarios.:
Publicar un comentario