lunes, 2 de diciembre de 2019

Bosque Petrificado

La condición esencial para la fosilización de un ser vivo es el rápido enterramiento en un sedimento que le proteja de la destrucción por las bacterias, la intemperie u otras acciones químicas. Los sedimentos tienen que ser finos para no estropear las estructuras de la planta o animal y que se conserven los detalles de la forma inicial. La arena, el cieno, la lava o las cenizas volcánicas pueden servir de materia de enterramiento.
La solidificación es un fenómeno raro porque exige que se entierre un bosque bien por un cataclismo o por la erupción de las cenizas de un volcán, o por una riada brutal de lodo. El agua de infiltración que llega hasta la madera contiene en solución elementos minerales como silicio, hierro, aluminio, calcio, etc. Por reacción química, el silicio y los diversos minerales reemplazan al carbono de la madera átomo a Átomo en función del tipo de mineral, por ejemplo, con el hierro ocurre muy frecuentemente, la madera adopta una determinada coloración. Al final ya no queda carbono y la madera, sin cambiar de forma, se ha convertido en una piedra.[1]
Los tejidos orgánicos se destruyen lentamente, pero las estructuras son reemplazadas progresivamente por las sustancias minerales que existen en el medio circundante, cuya textura en algunos casos no se pierde permitiendo su identificación rápida; en un proceso de millones de años, todos estos organismos se petrifican
El color de la madera petrificada se debe a varias razones: a las impurezas minerales, óxidos de hierro en diferente variación de colores, al manganeso, cobre o carnotita que posee la madera o a las pequeñas partículas de carbón disperso en células leñosas.
La madera petrificada y el cuarzo (en la escala de Mohs posee 7 de 10) tienen la misma dureza; tiene una densidad de 2.6 – 2.8 , estas variaciones se deben a diferencias ligeras en la estructura de la madera.[2]
Estos procesos ocurrieron hace unos 225 millones de años, al final del período geológico triásico. Después, los continentes se separaron y Norteamérica llegó a su posición actual. La región entera se elevó. Este proceso sepultó a estos gigantescos troncos petrificados bajo niveles más profundos, provocando el fraccionamiento de muchos de ellos. Eventualmente el viento y el agua erosionaron las
capas de piedra, dejando expuestos los troncos petrificados y otros fósiles. Hoy en día, el viento y el agua continúan erosionando las capas de sedimentos Esta erosión sigue degradando los troncos petrificados y, poco a poco, va exponiendo otros troncos y fósiles ocultos bajo la superficie.[3]

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